me asomo a la ventana y es la chica de ayer
Un día cualquiera no sabes qué hora es, te acuestas a mi lado sin saber por qué ...
Un día cualquiera no sabes qué hora es, te acuestas a mi lado sin saber por qué ...
Si me preguntaran si me gusta el café diría que creo que sí, pero tampoco sería un “creo que si” rotundo de los míos porque la verdad es que dudo si me gusta o no.
Esta duda existencial se me plantea porque muchas veces creo que bebo café por adicción o rutina. El café, como buen excitante, es adictivo y creo que muchas veces lo tomamos sin motivo y sin que nos guste demasiado.
Reconozco que los cafés estos “raros” que ponen en los bares pijos, estilo café con caramelo y leche merengada o café con canela y gotitas de ron añejo…puff!! están buenísimos, pero de esos cafés al típico de la mañana a las 10:30 hay un abismo.
En fin, creo que el café es más el sueño idílico de un café riquísimo que el propio sabor del mismo.
Aún así, lo tomo a diario a media mañana y a veces a media tarde
Eso sí, el peor café que he tomado en mi vida ha sido en la añorada cafetería de la facultad y aún sabiendo que está asqueroso íbamos a la cafetería una y otra vez. ¿Éramos tontos? ¿Nos gustaba la cafetería? ¿era la rutina y había que cumplirla? El hombre es un ser de costumbres…
A lo mejor es que me estoy poniendo tonta y aún no me he dado cuenta, avisarme, eh!!
Me contaba un amigo anoche que está cansado de relaciones frívolas e insustanciales con mujeres estupendas, pero de las que no termina de enamorarse nunca. Todas sus relaciones empiezan con fuerza y con unas generosas expectativas, pero finalmente acaban estancándose antes de lo previsto. Me decía que, por una vez, le gustaría descubrir que además de gustarle, ponerle, excitarle o provocarle, existe una mujer que consigue llegar más allá, y enamorarle.
Se trata de un hombre con bastante éxito entre mujeres de muy buen ver pero que, como nos sucede a muchos, no encuentra aquella que produzca en él un cambio significativo más allá de un simple subidón de temperatura.
No sé por qué, volviendo para casa recordé a mi profesor de química el día que nos contó la diferencia entre el calor sensible y el calor latente.
Se llama calor sensible, nos explicó, aquel que, aplicado sobre un cuerpo, produce un aumento de su temperatura. En contraposición a éste, se denomina calor latente aquel que al aplicarlo sobre ese mismo cuerpo no produce ninguna variación sobre su temperatura, sino que induce un cambio de estado físico.
Ejemplo: Si una olla con agua a temperatura ambiente la ponemos al fuego conseguiremos aumentar su temperatura hasta los 100ºC. A esa energía que aplicamos sobre el agua y que se refleja en un aumento de temperatura de la misma se llama calor sensible.
Sin embargo, si al agua que ya se encuentra a 100ºC le aplicamos calor, la temperatura del agua permanecerá constante y lo único que ocurrirá es que poco a poco se irá evaporando. A esta energía que aplicamos sobre el agua y que en lugar de provocar un aumento de temperatura produce un cambio de estado se llama calor latente.
Esto no se trata necesariamente de una crisis existencial de aquella que escribe y/o comunica, ni de un expolio de las musas. Sucede a veces que una adquiere cara de paisaje y sólo pretende observar. La mirada se torna turbia y hay que limpiar las lentes. El alma pide un nuevo punto de pista. Nos aburre la perspectiva anterior porque se nos antoja antigua y obsoleta y buscamos subirnos de nuevo encima de nuestros hombros para otear el mundo a vista del nivel de los movimientos de los demás. Mirar de nuevo las miradas y dejar de mirarse el ombligo. Mientras esto ocurre, apetece soltar las gafas e ir de miopes por la vida. No pasa nada. Parar y observar el baile. Pronto nos reenganchará de nuevo la melodía. Si es que llega la nota precisa. Si es que estamos educando el oído para una nueva partitura... ¿quién impone el ritmo, nosotros, o el compás?.
Se torna, porque se quiere. O porque se necesita. O porque se añora. O por todo y nada a la vez. Si se vuelve, es porque hay algo que contar.
Sin palabras, no hay personas.
Algo que contar: Con su avión despegó el verano, que se ha marchado fugitivo y traicionero, de puntillas y por la espalda, casi sin avisar. Como casi todos los veranos, que empiezan en forma de promesas, y terminan en forma de espejismos.
Atrás quedan - sólo horas antes - un balcón abierto, una camas revuelta, y su aroma y recuerdos por todas partes. Por delante quedan, una autopista vacía - otrora con caravanas - que ahora discurre silenciosa y solitaria, más aún por el hueco en que redunda el puesto del copiloto.
Y quedan, además, algunos buenos propósitos de ser mejores y enmendarnos, que, casi con toda certeza, no llegarán a cumplirse nunca. Porque, los buenos propósitos de septiembre, no son más que los últimos coletazos del espíritu del verano, que no es más que el de acabar con cuentas pendientes: se hicieron muchas cosas, pero se podrían haber hecho muchas más. Se hicieron ciertas cosas, pero se dejaron otras atrás . Tal es la condición del estío: empezar con oasis, terminar en arena.
Al fin y al cabo, ser mejores implica dejar de ser uno mismo, o no?.
Bienvenidos DE nuevos, a todos, todas. No os esperaba. Sólo, os echaba de menos... aquí estoy... He vuelto.
Qué dificil es encontrar a veces la conexión total con una persona, aunque no imposible, porque si se trata de tu pareja parece que hay siempre cosillas que perfilar, y si se trata de amistad pues lo mismo...
Qué ocurre cuando tienes un amigo/a especial, alguién que cumple con todos esos matices...
Un día nace algo, que puede se confunda por alguna de las partes, y ... sería tan fácil dejarse llevar por los sentimientos...
Y si uno de ellos no frena...?
Y si los dos cruzan la línea?
Se puede perder esa magia de la amistad y de la complicidad, y además con un importante detalle, y es que esa persona puede que llegue a saber más de tí, que tú mismo. Con lo cual, será más complicado de llevar, y entonces...
Realmente la relación entre dos personas debe ser tan transparente?
No se opina lo mismo del amigo que del amante...
No se mira igual a la pareja que al acompañante...
Se puede querer tanto y en silencio...
Y si la otra persona lo supiera...? Sería mejor que lo supiera...? o es mejor callar para seguirla de cerca el resto de tu vida...
Durante este tiempo tan particular, de espera, el amor me retó a no ser impaciente, a enfrentarme con mis dudas, con las del otro. Me retó a ser yo misma sin la otra persona, a cambiar hábitos, costumbres, paisajes. Me desafió a pensar qué hacer con esa nueva, recién adquirida, libertad (aún sin saber si todavía es verdadera o falsa).
Durante este tiempo tan particular, la vida continúa. Se conocen sitios, personas, ambientes. La imaginación echa a volar; ¿nos esperan al final de esta etapa los hábitos de antes, o, definitivamente, lo que le sigue a esta pausa es lo que estoy viviendo ahora mismo?. Durante este tiempo de descanso, puede surgir la necesidad de experimentar, de romper. Pero a la mima vez, sentir que puedes estar traicionando un pacto mutuo, un acuerdo entre dos que, paradójicamente, caminan separados, durante este tiempo tan particular.
Durante este período, la incertidumbre se convierte en un cuchillo que araña todo lo que se hace, y el miedo, en una carga pesada que impide pensar con claridad, que pasa a ser la palabra menos clara del diccionario. Echar de menos suele ser el sentimiento más repetido, y la morriña se convierte en un flato intermitente que neblinea objetivos y torpedea la que ha de ser la principal meta: encontrarnos, de nuevo, a nosotros mismos.
Durante este tiempo tan particular, se puede llegar a comprender que seguir con la otra persona significa abandonarse a uno mismo. Nosotros no es la suma que uno busca, y el yo sale perdiendo en una resta conjunta…
O no. En ese caso, la historia no debiera haberse detenido en ningún instante, porque no se debe reanudar de nuevo lo que nunca hubo de detenerse.
Dicen que decir adiós a tiempo vale por 100 años de sabiduría. Lo difícil es saber el minuto y la hora exactos para decirlo. O decirlo, aún sabiendo el tiempo preciso.
Adiós es una de las palabras más difíciles de pronunciar del vocabulario. Nosotros, con eterna vocación contra natura de permanencia, aún sabiendo que todo llega, y todo pasa, nos aferramos a la quietud, al mutismo, a la inmutabilidad, con la desesperación misma del que sabe que nada es para siempre. Quizá por eso. Deseamos ser, deseamos estar, deseamos permanecer, en un continuo sin discontinuidades. Y adiós quiebra toda posibilidad de linealidad. Pero porque no existe.
Adiós. Y se elevan anclas, se rompen cadenas, se cierran puertas, se abren ventanas, entra el aire o te asfixias hasta digerirlo, rompes una etapa, o te abren otra. Se rompe el alma.
Adiós. Y lo recibes con incredulidad, y lo pronuncias con rotundidad. Y te sacude un torbellino, te enfrentas a algo que sabes mejor, que sabes peor, que sabes que no sabes cómo va a ser. Un golpe de interrogante en plena frente, y la sangre duele, y el carmesí mancha las paredes.
Adiós. Y no estaba planeado, y se presentía en el aire. Estaba escondido entre las sabanas, los silencios, en el cepillado de dientes de antes de acostarte. Y se quedaba en las encías, y resoplabas, y no salía. Y se quedaba en el pecho, y pesaba como un menhir.
Adiós. Y dudas de estar escuchando lo que escuchas, pero sabes que estaba programado este momento. Y te lo han quitado de la boca. No lo dijiste a tiempo. Se adelantaron. Ignoraste el minuto y la hora exactas. No miraste tu reloj y ahora el calendario te viene impuesto. Y la cara de desprecio hacia ti mismo no quieres mirarla en el espejo: ¿por qué no me adelanté antes?.
Adiós. Y ya sólo quedas tú mismo. Y tu reloj parado.
Un trabajador de la voz muy cercano a mí afirma que las voces delatan la personalidad de las personas. Un timbre, una modulación, un ritmo de voz, una hola qué tal, y tu personalidad, queda al descubierto. O no. Hay algunas que no salen del estómago. Se quedan agazapadas en algún rincón entre el páncreas y la laringe, y se asoman débilmente, tímidamente, si es que consiguen salir.
Escondida. De ahí el uso de la tercera persona.
24 es una cifra como otra cualquiera. Supuestamente, madurar significa evolucionar, aunque también puede significar volverse pocho. Madurar consiste en asumir que en la vida estamos solos, y que cada uno va buscando las muletas por donde y como puede. Volverse pocho consiste en sentirse desamparado.
Los familiares, los amigos, van haciendo sus vidas y los devenires van fijando unas relaciones fluctuantes que se acercan y se alejan como la marea. El mar no se ausenta nunca, pero a veces baja tanto que sólo deja al descubiero un inmenso desierto de arena. Otras sube de sopetón y te golpea con una ola. Y así vamos cumpliendo años, a base de ausencias y bofetones. Velas henchidas, tsunamis y mares en calma. Siempre agarrados al timón.
Lo pocho viene cuando entra esa madurez de golpe, que no puede asimilarse de un solo trago, como un golpe de absenta. Ese trago que te obligan a tomarte, esa copa que no has pedido y que no sabes quién te ha invitado. Un mareo súbito, la garganta rajada, el pecho inflamado, ni un hombre al que agarrate, una mala resaca... Pero la mano agarrada como buen timonel.
24, o la eclosión de una larva llamada nostalgia.
24, y tú, y tú, y tú, no estáis.
24, y un deseo de amor compartido. Como un mollete de pan recién hecho, y sin migajas sobre el mantel
Llevo varios días pensando en las cosas negativas de los blogs y no se me ocurre casi nada digno de reseñar. Aparte de tener que soportar las visitas de algunos impertinentes y maleducados comentaristas que olvidan que les estás ofreciendo tu casa o la circunstancia de que los libros en tu mesilla de noche empiezan a ser una torre cada vez más inestable, pensaba que poco había más que contar.
Pero sí, tener un blog tiene un inconveniente que hay que valorar antes de sentarse a crear uno. Y luego no digáis que no os avisé. Tener un blog perjudica gravemente la línea. Vamos, que engorda.
Cuando hace dos años descubrí la blogosfera no paraba de preguntarme qué tenía esto para enganchar a la gente con tanta facilidad. Ahora ya sé algo de esto. Una de las mayores gratificaciones está en la posibilidad de que tengas un día tonto, te sientes frente al ordenador y te salga un post como este.
Mi adicción a la letra impresa me ha proporcionado muchas satisfacciones y algún contratiempo. Uno de los problemas de pasar horas enfrascada en la lectura es que acabas citando a diestro y siniestro y la gente se mosquea; en medio de una conversación aludes a Bernhard, a Amis o a Canetti y te miran pensando, hay que joderse lo pedante que es esta tía. Y lo peor es que tú lo haces con naturalidad: simplemente hablas de la gente que frecuentas.
Un día, harta de aguantar esos comentarios, me puse a darle vueltas y no tardé mucho en encontrar una solución. Desde entonces nada de citar a autores de culto, ahora todo queda en casa. Ya no digo que estoy de acuerdo con Chejov cuando afirmaba que "si le tienes miedo a la soledad, no te cases". No. Ahora digo:
- "Como suele decir mi padre, si le tienes miedo a la soledad..." (aunque también pongo en boca de mi padre a otros autores rusos).
- "Si ya lo decía mi madre..." (aunque quien lo haya dicho sea la Duras, la Lessing o cualquier otra autora que esté leyendo en esos momentos).
- "En mi familia siempre lo han dicho..." (y me apoyo en el novelista del XIX que me apetezca).
- "Mi hermano siempre me dice que..." (y aquí entran casi todos los cuentistas norteamericanos).
- "Mi tio siempre mantiene que..." (suelo utilizarla para Marías, Vila-Matas y similares).
- "Mi tía, la modista, me repite continuamente que..." (y acudo a los escritores alemanes de entreguerras).
Hasta ahora nunca había tenido problemas. Nadie se sorprendía de que tuviera una familia tan ingeniosa. Lo malo es que he terminado haciéndolo también en mi casa. Y empiezan a mirarse como extraños

Dicen que el viento del Norte es el que trae a Mary Poppins, pero cuando la veleta se mueve en nuestro tejado, pocas veces nos percatamos si se está moviendo. Mucho menos aún, hacia dónde apunta.
Un día amanece bien. No te sientes especialmente triste, no hay ojeras debajo de
Al día siguiente sientes un extraño bochorno. Bajas la ventanilla del coche, cuando hasta hace sólo un par de minutos era pleno invierno. Suena No me lo puedo explicar- Non me lo so spiegare y te ha parecido escuchar que el locutor te la ha dedicado a ti.
Esta tarde en el paseo, el croar de las ranas ha desviado tu atención hacia una ciénaga, y te has preguntado si en ella corre el oxígeno. Sin embargo, los nenúfares sobreviven en un estanque.
Hay días que te sientes como frente a la puerta de un bar de western. Puertas que se baten hacia atrás, puertas que se baten hacia delante, y no sabes si salir supone entrar. Si quedarse supone quedarse.
Son éstas, sobre todo, épocas de entretiempo: no sabemos si acudir al suéter, a la rebeca, o a la manga corta. Etapas en las que el chirrido de la bisagra nos pone los pelos de punta y el movimiento del gallo de la veleta nos irrita sobremanera: ¿porta el viento virutas en el aire con señales?; ¿existe una memoria del futuro: añoranza por lo que ha de venir y todavía no ha acontecido?.
¿Cuánto tiempo permanecemos donde ya no debemos?
De la mala prensa que tiene ese representante de la fauna humana de nuestros días que es el vagabundo, es culpable, sin duda alguna, el haber metido en un mismo saco a vagabundos y vagantes .
Porque los que vemos hoy en las esquinas de nuestras calles o en los pasillos del Metro, envueltos en cartones y viejas mantas, no son vagabundos sino vagantes. Individuos asociales que representan, precisamente el polo opuesto del vagabundear y cuya conducta les sitúa, con frecuencia, al margen de la sociedad.
El auténtico vagabundo marcha sin rumbo de un lado a otro -hace camino al andar-, no tiene por horizonte las sucias paredes del Metro, sino los campos abiertos, las montañas, el cielo estrellado.
Se detiene en un lugar solamente el tiempo necesario para realizar un trabajo temporal y después "coge el hatillo" y sigue su peregrinaje.
Cuando en tus viajes por carretera te cruces con un personaje que camina por la cuneta con paso lento pero firme, piensa que detrás de estos ejemplares de nuestra fauna humana existe una larga y rica tradición.
En la Edad Media los vagabundos viajaban de pueblo en pueblo, viviendo de lo que se les daba y a cambio de ello, divertían a los pobres campesinos con fantásticos relatos, con trovas y canciones.
Durante siglos los vagabundos vivirán mezclados con un curioso mundo de nómadas, buhoneros, charlatanes, pero en medio de ellos siempre sabrán conservar sus señas de identidad.
La literatura universal ha tomado al vagabundo cómo protagonista de muchas de sus creaciones.
Pero, desgraciadamente, en estos tiempos de prisas, de veloces automóviles, de autopistas sin horizontes, ya no hay lugar para el vagabundeo, para la contemplación detenida de la naturaleza que nos rodea.
Por ello os confieso que cuando voy en un coche y las tres mil quinientas revoluciones del vehículo se cruzan con el lento y solitario caminar de un vagabundo, me regalo unos minutos de sueños de libertad.
Hay cosas que dices que nunca más harás..
Y si no cumples tu promesa… acabas lamentandolo de nuevo.
Se puede aprender de los errores.
Pero no se puede luchar contra la propia naturaleza.
Cada cual.. es como es..
Y siente, como siente.
C’est la vie.
Es una sensación extraña nose si alguna vez os ha ocurrido lo mismo. Tengo unas ganas de escribir inmensas, me coloco frente la pantalla mis dedos empiezan a deslizarse por el teclado sin rumbo, sin saber que decir y lo único que encuentran es el nada. Así que voy a dejarme llevar y que sean mis dedos los que escriban por mi...
UNA CARTA
Estoy aquí tumbada sobre la arena de mi imaginación, hace frío a momentos pero no puedo dejar de pensar que estoy viviendo un sueño del cual no quiero despertar.
Miro hacia arriba la luna me está observando y me doy cuenta que se me ha hecho de noche y que solo las estrellas adivinan lo que
siento.
Desde el primer día que te vi supe que hacía tiempo que te estaba esperando han sido tantas las noches que te he hablado en silencio sin que tú lo supieras ni yo pudiera verte.
Sólo podía sentir que tú estaba ahí en algún lugar del mundo sintiendo como yo, imaginando un mundo donde no existe el egoismo ni el dolor, sólo el deseo y el entendimiento.
Es tan fácil la vida a tu lado, porqué tu haces que todo sea sencillo, porqué me entiendes y dejás que yo te entienda.
Quiero estar donde tu estás y sentir lo que tú sientes.
Me da igual que llueva o salga el sol si tú estás a mi lado, porqué ya no existen los días grises ni nublados tú has hecho que todo el daño que me han hecho desaparezca.
No quiero demostrarte lo que no soy
no pretendo decepcionarte sólo que me conozcas
y que algún día me quieras como yo te quiero a ti.

He aqui un tributo a las gomas de borrar MILAN y para todos los que las hemos usado y dado mil usos, para los que:
- La usaron como chuleta en examenes… la de esquemas, palabras raras, definiciones y quijotes que cabian y la cantidad de manos por las que pasaba.
- La usaron como arma arrojadiza de corto, medio e incluso largo alcance… con gran tino… o no.
- Organizaban concursos de quien tira la MILAN mas alta y se queda mas cerca del techo sin llegar a tocarlo en mitad de clase.
- La usaban de merienda (la Nata era pa comersela).
- Hacian pelotillas enanas y se batian en duelo en medio de clase.
- Reunian varias y hacian verdaderas construcciones dignas de Calatrava.
- Y sobre todo para aquellos que unica y exclusivamente, eso si con mucho merito y empeño, las usaron para borrar.
Para esa nuestra goma, la unica, la inigualable… para esa que tanta imaginación nos ha hecho desarrollar, con la que hemos pasado tan malos y tan buenos tiempos, para ella que representa una etapa bonita de nuestras vidas y que generacion tras generacion sigue alimentandonos… para ella, solo para ella… gracias goma de borrar MILAN y aunque traten de plagiarte esos dibujitos impresos de animalitos, tu los haces como nadie.
argumento de la película "The Matrix" ha sido utilizado a menudo para interpretar diversas situaciones del mundo real.
En él se utiliza la elección que a Neo se le ofrece en la película como esquema para explicar la situación del software: la
pastilla azul del software propietario y la pastilla roja del software
libre.
Voy a citar el texto del libro La pastilla roja para explicar bien de que trata el tema.
"Esto del Software Libre es como lo de las pastillas de la película The
Matrix. Tienes una pastilla roja y una azul. La azul es la que te
venden todos los días las empresas de software actual sobre las
maraviilas que la tecnología ofrece. Te inundan con propaganda sobre
las bondades de este sistema operativo y la cantidad de cosas que
puedes hacer con él. Producen aplicaciones continuamente para que
tengamos la ilusión de una constante innovación, cuando realmente no se produce.
El conocimiento es
únicamente de ellos, bajo este modelo sólo las empresas de software propietario tienen acceso al conocimiento, las cosas que ellos quieren que se hagan, no las que más te convengan a tí. Pero, por otra parte
tienes la pastiila roja, la del conocimiento. Es la pastilla que te
permite usar la tecnología en tu beneficio. El conocimiento está al
alcance de todos y no solamente de las grandes empresas de software".
Bueno el tema da para mucho, por eso es que lo publico para que entre todos los comentarios intentemos llegar a una conclusion sobre este tema. Que empiece el debate entonces...
La comunicación mediática ostenta componentes peculiares. Lo
distintivo de tales procesos de comunicación seria la simultaneidad de las recepciones. Las emisiones alcanzan al mismo tiempo públicos dispersos. Esta diferencia permite distinguir entre ciertas formas de la cultura masiva tales como, el cine, el disco, el libro de los medios de difusión típicos como la radio, la prensa y la televisión. La industria cinematográfica nutre la programación de la televisión, mientras que las discográficas se encargan de la
programación de la radio.
Cabe señalar también que la industria mediática forma parte
del juego de intereses de la política y el mercado. La cultura esta considerada como un instrumento de política. El dispositivo político encuentra en los medios la constitución de un nuevo escenario y debe aceptar ciertas reglas para la construcción de la relación con la ciudadanía.
Las economias de mercado también son movilizadas por el complejo sistema de medios. Cuentan con la acción de la publicidad para influir en el deseo de las audiencias.
La actividad incesante de los medios conforma al sujeto,
reemplazando fatídicamente a la familia, la religión y a la escuela. Orienta los impulsos, proporciona modelos en términos de los cuales dar forma y un contenido al significante “Felicidad”.
Recuerdo perfectamente el momento exacto en que me enamoré del otoño. Siempre me había gustado esa época porque significaba la vuelta, el regreso. Por esos años concretamente para mí, la vuelta a clase. El fin de largos y aburridos días de verano, la actividad. Otros olores, otros colores, historias nuevas por descubrir. Reencuentros. Para mí siempre fue emocionante.
Pero esa vez fue especial, el atardecer se hizo gris de repente, mientras paseaba por la playa. El cielo se reflejó en el mar con un tono melancólico, y cientos de gaviotas emprendieron el vuelo. Mientras, en mi cabeza, sonaba una canción de moda que se me antojó perfecta para el momento. Yo sabía que estaba pasando algo importante. Fui consciente de que en ese preciso instante era el otoño que llegaba.
“Hoy el viento sopla más de lo normal
las olas intentando salirse del mar
el cielo es gris y tú no lo podrás cambiar
mira hacia lo lejos busca otro lugar
y cien gaviotas donde irán.”
Duncan Dhu
Cuando era una niña creía…
… que la luna era un queso que alguien se iba comiendo poco a poco y, además, me seguía allá donde iba.
… que el sueño lo traía un niño con un saco lleno de arena que nos echaba en los ojos.
… que, si tropezaba o me golpeaba accidentalmente con algo, era que “Padre Dios” me castigaba por haberme portado mal y que tenía otra mamá en el cielo que se llamaba María.
… que el ratoncito Pérez daba dinero a cambio de dientes.
… que las virutas de los lápices de colores se transformaban en mariposas si los tenías una noche metidos en una bolsa de plástico, una caja o cualquier otro recipiente ad hoc.
… que encontrar un sarantontón (mariquita) daba buena suerte.
… que si te mirabas durante mucho rato en un espejo, acabarías viendo al diablo.
.. que tirar un trozo de pan era pecado y, si aún así lo tirabas, debías besarlo antes.
… que si te tragabas una semilla de cualquier fruta te podía crecer un árbol en la tripa.
… que las cañas acumuladas en los campos de tomates tras la zafra eran tiendas de indios.
… que mis muñecas jugaban mientras yo dormía.
… que tenía un ángel de la guarda.
… que en el, por entonces lejano, año 2000 los coches volarían y todos vestiríamos monos ajustados.
… que los Reyes Magos me vigilaban por un agujerito.
… que la lavadora tenía vida propia.
… que los truenos se debían a dos posibles motivos:
1. O Dios estaba muy, pero que muy enfadado o bien
2. estaba jugando a los bolos o algo parecido…
… que la lluvia no era otra cosa que las lágrimas Dios o María o los ángeles.
… que si me tragaba un chicle se me podían pegar las tripas.
… que las nubes eran de algodón.
Luego, claro está, crecí.
Y al crecer perdí la fe en mundos mágicos e invisibles, en dioses y espíritus, en milagros y mitos, y me rendí a la realidad.
Aunque a veces me pregunto por qué los adultos estamos tan seguros de que esas cosas en las que creíamos de niños no son reales.
Es más ¿De verdad estamos seguros de que esas creencias infantiles son pura imaginación?
Hmmmm… No sé, igual esta noche, guardo unas cuantas virutas de lápices de colores y a ver qué pasa… por probar…
La concejala de Fiestas, Feria, Cultura (?) y Deporte de Buñol, Pilar Garrigues, asegura que “va estupendamente para quitar el estrés y es muy recomendable para el pelo”. Claro, por eso en cualquier peluquería te hacen tratamientos de tomate. Como no tenemos otra alternativa para llevar el pelo sedoso y brillante, no tenemos más remedio que dar ese espectáculo de barbarie e insensibilidad. Y, sobre todo, porque a esas manadas de imberbes que se acercan cada año a ese pueblo se les ve realmente muy estresados.
Si la concejala ha leído estos días las noticias se habrá enterado de algo que le desmonta toda su teoría: los que se estresan son los tomates, y no me extraña teniendo en cuenta que tienen que compartir el planeta con especies animales tan primitivas como los humanos. En la Universidad Blaise-Pascal de Clermont Ferrand han descubierto que las ondas electromagnéticas de los teléfonos móviles provocan el estrés a las tomateras, que interpretan las ondas como un peligro (como si se tratara de sequía o heladas) y se ponen mustias y enfermas. Creo que el estudio todavía no ha podido precisar si cualquier llamada las saca de quicio o sólo se ponen pochas cuando oyen como al labrador le encargan una tonelada de tomates para la tomatina.
Y es que las hortalizas son como las personas. Por lo menos eso aseguran agricultores de Vizcaya que abogan por no mimar demasiado a las plantas. “Si la planta se siente demasiado a gusto, demasiado cómoda, sólo echa hojas. Pero si siente cercano el final, intenta reproducirse, florece.” Así que ya sabéis, eso que hemos escuchado siempre de hablarle a las plantas, pero con un matiz ligeramente diferente. Cuando tengáis una maceta que se resiste a echar flores le susurráis con voz amenazante, de psicópata: “Te voy a hacer cachitos, te voy a clavar alfileres, te voy a quemar con cigarrillos…” Y la planta, de puro terror, echará unas flores preciosas.
Y como siempre, los andaluces llevando la contra. En Láchar, en la vega de Granada, los agricultores les ponen música de Beethoven, Mozart y Vivaldi a los tomates. Al final, no tengo claro si los tomates de Láchar crecen más porque se sienten mimados, o porque, como los tomates vascos, están de los nervios y han decidido acelerar el final de su vida después de escuchar todo el día esa música por los altavoces de los invernaderos. Porque ¿le ha preguntado alguien a los tomates sobre sus gustos musicales?
Mi infancia son recuerdos de de un patio con mesa vestida de mantel de hule. De cuadros, con motivos frutales o florales, imitando al croché. Pero siempre hule.
En la esquina del patio de mi abuela, había un rollo enorme, por metros, para cortar el mantel cuando hicese falta uno nuevo. Alrededor de la mesa, primos, tíos, y abuelos. Y la tarta de chocolate con galletas. El hule era símbolo de concordia familiar. Y de modestia. Al terminar, siempre se fregaba con una bayeta, y a doblarse y enrollarse de nuevo para meterse en el cajón. Guardaba entonces, el hule, si no se había secado previamente con un paño seco, un olor a mugre y a humedad, que volvía a desplegarse en todo su esplendor en la próxima puesta.
Con los meses, los colores de los cuadros, de las peras, de las fresas, las rosas o las manzanas, se acababan desgastando de tanto pasar bayetas húmedas y al final quedaba un fondo blanco y desvahído.
En períodos de crisis y/o recesión económica, la gente anda sustituyendo el súper, por el híper. El Mercadona por el Carrefour. El crédito por el débito. La tela por el pvc. El algodón por el polyester. Tiempos de hule.
Como también hay días de hule. Aquellos en los que es más difícil sacudir la migajas del pan, pegadas a la humedad. O resulta forzoso limpiar las manchas de miel sobre el mantel. Para lo cual, el hule resulta más práctico: la miel no se queda adherida como sobre la tela. Días de moho rancio. O incluso días de nostalgia a pan con chocolate.
La realidad, como las mesas, requieren de un mantel por cada ocasión. ¿Qué mantelería le pones a estos días de incertidumbre económica?, ¿Y a estos días preelectorales?

Zumo de naranja, tostada con mermelada y café sólo!.
Hoy, me dispongo a iniciar una nueva andadura bloguera por estos mundos.
...Como pasa el tiempo, parece que fué ayer cuando abrí mi primer blog (como ha cambiado mi forma de pensar, y de escribir desde aquellos años...). Reflexionando de todo un poco, me he dado cuenta que he evolucionado en muchos aspectos.
Por todo esto fundamentalmente he decidido cambiar, tratar de darle un cambio a mis escritos que tanto me gusta compartir con vosotros y seguir mejorando día a día de una forma más seria.
Para todos aquellos que no me conozcan, una de mis grandes pasiones es escribir en eso no cambio; al iniciar este blog me he dado cuenta de que lo sigo haciendo con la misma ilusión de siempre.... y es que aunque he dicho que he evolucionado en esencia sigo siendo yo y eso en cierta manera me reconforta.
En esta nueva andadura voy a tener una colaboradora de lujo NoA, de la cual me gusta mucho su forma de pensar y de transmitir las cosas. Es de ese tipo de personas que te hace reflexionar, y siempre para positivo.Seguro que no tiene desperdicio ninguna de sus colaboraciones.
Poco a poco iremos dandole vidilla a esto.
Buenas noches y que tengan dulces sueños.
Mary'08
un poco de mi
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